BLOG

14
Sep

La internacionalización como realidad empresarial

Las operaciones internacionales de la mayor parte de las empresas se limitaban hace apenes dos décadas a actividades de exportación con un enfoque marcadamente nacional. Hoy en día, sin embargo, ser internacional o global son los términos de moda. Los mercados que antes se limitaban antes en ser nacionales ahora son regionales o internacionales. Detrás de esta nueva realidad se puede identificar tres grandes causas: el crecimiento de la economía global, la reducción de barreras institucionales a través de convenios comerciales internacionales, y los logros tecnológicos con nos hacen el mundo cada vez más cerca.

El continuo crecimiento económico además significa una convergencia mundial en términos de la demanda por productos y métodos de producción. La tecnología productiva y los bienes que exigen un determinado mercado son, a menudo, los mismos que se demandan en otro lugar del planeta. Esta homogeneidad ha significado que los mercados nacionales se han hecho más accesibles a competidores internacionales.

El segundo factor que ha motivado la globalización ha sido la reducción dramática de las barreras institucionales a la movilidad internacional. Desde la segunda guerra mundial hemos presenciado una reducción gradual de muchos de los impedimentos institucionales a las actividades internacionales. Grupos de países, como es el caso de la Unión Europea, y más recientemente NAFTA y el Mercosur, están siendo efectivos en reducir los aranceles de importación a escala regional. A un nivel global, el GATT ha jugado un papel clave en la reducción de aranceles y cuotas de importación, además de establecer normas que regulen el comercio internacional. El Fondo Monetario Internacional ha facilitado las transacciones internacionales al reducir algunas de las barreras asociadas a la convertibilidad de monedas extranjeras. Otras instituciones también han facilitado el comercio internacional al uniformizar algunos estándares industriales. Incluso las propias empresas multinacionales, como formas organizativas adecuadas para los negocios internacionales, han dado también un impulso hacia la formación de industrias que operan globalmente.

El tercer factor, la tecnología, es quizás el de mayor impacto sobre la internacionalización de la competencia. No sólo en lo que se refiere a mejorar los medios de transporte y comunicaciones, sino por el contenido tecnológico de muchos productos y servicios que son económicamente factibles única y exclusivamente si se producen y venden a escala mundial. El caso de los semiconductores es un ejemplo clásico. Los gastos de investigación y desarrollo, y las grandes inversiones asociadas a la producción de un nuevo diseño, son económicamente viables siempre que se fabriquen y vendan en volúmenes muy superiores a las demandas de un solo país. Ya en 1968, la OCDE reconocía que «la explotación eficiente de las tecnologías más avanzadas exigirán recursos tecnológicos más allá de las fronteras nacionales, así como el acceso a mercados de ámbito internacional».

Sin duda, las empresas multinacionales están asumiendo un rol cada vez más importante y pluralista en la economía mundial. Una empresa, por el solo hecho de ser multinacional, posee, al menos potencialmente, una serie de ventajas frente a competidores puramente locales. En primer lugar, puede explotar economías de escala en actividades como compras, producción o marketing. De este modo, al distribuir las inversiones entre un gran número de unidades las que se venden en todo el mundo, el coste unitario del producto o servicio puede ser notablemente menor que el de la competencia. La multinacional también puede obtener ventajas en costes al explotar economías de alcance, es decir, compartir grandes inversiones, como, por ejemplo, una cadena de distribución mundial, entre diferentes líneas de actividad (productos, mercados, etc.).

La diversidad de países en los que opera una multinacional también puede ser una fuente de ventajas para la empresa. Además de la posibilidad de diversificar el riesgo político y económico al operar en diferentes países, la multinacional puede localizar la cadena de actividades de acuerdo a las ventajas comparativas de cada país. Sin olvidar las diferencias en el coste de la mano de obra y de capital, las empresas globales también hacen uso de ventajas un tanto más intangibles.

El diseño de la estrategia en una multinacional, junto con las estructuras y procesos que la soportan, exigen un balance muy delicado. Por un lado, las presiones por reducir costes, aprovechando economías de escala y alcance globales, y la necesidad de extender las innovaciones locales al resto de la organización, exigen un esfuerzo en centralizar la toma de decisiones y ejercer un control estratégico desde la casa matriz.

Por otro, la flexibilidad necesaria para responder a las particularidades de cada mercado y a las presiones institucionales de cada país abogan por un alto grado de descentralización.

Conclusión

La internacionalización es una realidad empresarial, no sólo para las empresas multinacionales, sino también para las compañías locales que deben hacer frente a competidores del resto del mundo. Aprovechar las oportunidades de esta nueva realidad exige a las empresas multinacionales un balance muy delicado entre centralización y descentralización. Una empresa multinacional es en sí una paradoja viviente, porque por muy globales o estandarizadas que sean sus prácticas, su puesta en marcha siempre se lleva a cabo localmente.

 

Fuente:

José Luis Álvarez y Alfredo Enrione

Julia Gifra

Harvard-Deusto